Han de callarse las palabras de mi boca,
no volverán a salir de
ella,
así lo prefiero, sin don ni pena,
aunque todo
pierda en la esperanza.
Me seguiré negando en la mañana,
dejaré de existir entre las tinieblas,
aun así
me negaré nuevamente en los reproches
que mi mente quiso ofrecerte y lo impidió
mi corazón.
Más no te diré adiós, aunque ya hace tiempo que partiste
y me niegas tu
voz, la que medio vida algún día,
pero fallé en mi intento por protegerte,
renegado en el infierno,
seguiré buscando una oportunidad,
Aun así me torturen las penas nefastas del Mefistófeles
que hace arder de odio mi dolor,
eyaculando la
codicia de mi mal humor,
Pero no te diré adiós, ni te desterrare de mi alma,
pues no me
pertenece y ese derecho no tendré,
aunque sé que no piensas más en lo que
fue,
tal vez me sigan torturando esas noches de pasión,
sin poder respirar
porque falta tu aire,
No pienso decirte adiós ni por un instante,
aunque para mi ego suena
interesante, no lo haré,
aunque me has condenado a tu ausencia y en el purgatorio me encuentre
atrapado,
porque por tus besos al cielo no pude llegar.
Ignaro de mi irrealidad de falsas esperanzas,
de logros perdidos que me
han de convertir en un matarife humano,
sediento de sangre, dolor, de penas
y
llantos que el tiempo jamás dejara de recordar.
Pero aun así jamás te he de decir adiós,
aunque con el tiempo me odies
por haberte amado algún día
que todo me dejaste gris y solvente las deudas con
el ayer
y todo se perdió, más no te diré adiós.
Autor: Obed Arizmendi Nah (Arlequín Sin Remedio)